miércoles, 10 de junio de 2020

ana y mi otro yo

Nadie habla de esta sensación de vacío que me llena la tripa de manera irónica.
Nadie habla de lo placentero que se siente el rugido de insatisfacción.
Este monstruo no tiene cura. La idea de volver a encontrarme con él me persigue todos los días, pero no hablo de eso. Nadie quiere escuchar a una mina que está pisando los casi treinta, hablar de que una enfermedad la atrapó cuando su edad alcanzaba apenas una sola cifra.

Nadie tiene ganas de escuchar cómo creamos rutinas y rituales que evaden lo que nos mantiene los ojos abiertos ante el monstruo invisible que atenta, atento, y permanece en nuestras ojeras. Nadie tiene ánimos de escuchar la cantidad de litros de agua que vaciamos en botellas para saciar el grito.

A la gente le incomoda la realidad, debe ser por eso que consumimos tanto Netflix y Amazon prime. Debe ser por eso que Instagram se llena de filtros que distorsionan cada vez más los contrastes y que nos denuncian imágenes donde nuestros pezones muestran cómo es el cuerpo femenino tan lejos de la pornografía.

Nadie tiene ganas de escuchar cómo sufre una piba por un enemigo invisible que habita únicamente en su cabeza, debe ser por eso que nos hicieron quedar como locas, como unas aburridas que no saben cómo afrontan el aburrimiento.

Yo no estoy aburrida. Yo tengo muchas cosas para hacer, muchos proyectos siendo trabajados en este momento. Y ella me acompaña asentada en mi interior. A veces la trato de ella, porque su nombre científico implica el femenino; otras veces lo trato de él, porque es un fantasma que grita en mi oído “no creas que mereces nada de esto, porque la verdad es que no mereces absolutamente nada bueno, ni siquiera eso que calmaría con tanta facilidad los gritos de tus entrañas”.

Y de pronto, suena con fuerza el reloj del horno eléctrico debajo de las escaleras que indica que mi desayuno a las cuatro de la tarde ya está listo.

Quizá el sonido del vacío siga sonando bastante satisfactorio aún, quizá siga propensa a las recaídas que forman parte de la recuperación. Quizá siga escuchando estas voces dentro de mi cabeza por quién sabe cuánto tiempo más. Pero la diferencia con mi yo de hoy y el de hace diez años atrás, es que, hoy, pude aprender a escuchar a la niña interior que me susurra con amor y cariño, debajo de sus gritos, que merezco lo bueno que recibo.

Quizá me quede aún mucho camino, pero ella me abraza y aleja al monstruo maligno, a la enfermedad putrefacta que de a poco fui dejando que ya no me abrazara.



Lorem ipsum is simply dummy text of the printing and typesetting industry.

1 comentario: