Días de mierda.

A veces me siento débil.
Siento que no quiero seguir acá.
Todo se me hace más difícil.
No hay motivaciones y ya nada tiene sentido.


Quiero desaparecer.
Quiero que mi corazón deje de bombear.
Quiero dejar de respirar.
No quiero volver a despertar. 


Todo aquello que en algún momento me incentivó,
deja de tener color.
La nitidez no tiene

lugar en mi visión. 

Hasta ya ni me caen lágrimas.
Dejé de sentir angustia,
sólo siento el dolor de aparentar

estar viva. Y de pronto me doy cuenta
que estoy loca. Sí, enloquecí. 

Aparece esa voz,
aquella que me guía
cuando todo es oscuridad. 


Su voz se hace escuchar
por encima de todos los demonios,
que a diferencia de ellos,
me habla con calma. 


Me transmite paz y me abraza
con delicadeza,

uniendo todas las piezas
que rompí en el camino.


A veces me desconozco. 

Hay días que me trago el mundo.
Todo resulta cálido y llamativo. 


Mis ojos perciben una diferencia de contrastes,
todo se ve con más color,
pero a la vez, suave,
como si un brillo resplandeciente
se adueñara de mis pupilas. 


Estoy llena de paz y mis pulmones inflan
mi pecho como creí que no volvería a repetirse. 


Vuelven mis pasiones.
Vuelvo a escribir,
vuelvo a cantar,
vuelvo a dejar de sentir culpa
por creer que soy lo que no me define. 


Vuelvo a reír.
Vuelvo a valorar todo lo que luché.


“Persevera y triunfarás”, dicen algunos. 


Perseverancia.
Que palabra rara.
Porque un día estás
deseando que el dolor acabe,
y te volves cobarde. 


Todo duele. 


Todo.
 

Y después te das cuenta:
valen la pena
los días de mierda. 


Si no existieran,
¿cómo íbamos a valorar
esa fuerza que nos lleva
a lo mejor de nuestras vidas?




The perfect gift



you stopped seeing me while i was staring at the galaxy of your eyes


i had this friend once in a job
we worked together at this bar
his birthday is on december 3rd
and he lives in la matanza
but i guess that doesn´t matter
cause this poem ain't about him

i'll just tell you a little story
of how i got him the perfect gift

i had this friend once in a job
who didn't know i had a plan
i decided i was going to spend the night
at his house by his invite

he had flowers at his balcony
and earl grey strands in the bedroom
he had a cat he called Meme
and me sitting on his bed

in the middle of a trip
we discussed the perfect gift
and then just a week later
i waited him in a train station seat

we were starving
and when we sat at the table
a Christmas song started playing
and so it seem cool if we baked
to the birthday boy a cake

two days later
i showed up at his building
the first time
of many nights
we would meet at that front door

he cooked for us
one of my favourites
and in the middle of a sentence
he stared at my eyes
while i stared at his everything

that afternoon we didn't bake any cake
cause instead he touched my soul
and that day i fell for him

that afternoon we went to work
cause else how would we pay for weed
and that day we smiled

that night we sang our friend a happy bday
cause that's how i planned the whole thing
and that's how we got him the perfect gift

Brisa.

Apareciste un día y me cautivó tu belleza.
Nadie te vio llegar.

Te grité como nunca a nadie antes.
Me escuchaste y me abrazaste cuando más lo necesitaba.
Te confesé aquello que jamás había podido decir a otrxs.
Me ayudaste con simples palabras.

Apareciste cuando ya nada tenía sentido.
Apareciste cuando quise dejar de ser.
Apareciste en ese baño cuando todo estaba a punto de terminar.
Apareciste y te fuiste dejando tu marca en mí.

Fuiste en mi vida un breve momento.
Fuiste quien no supe que necesitaba.

Fuiste breve y concisa.
Fuiste una brisa de viento que con su paso purifica.

Una noche.

Sus besos saben a terciopelos y sus cabellos son casi tan suaves como la brisa.

La sonrisa imprevista se me atraviesa en la mirada.

Sé que deberíamos cambiar de posición pero sus labios son mi nueva adicción.

No quiero soltarle. No quiero alejarme.

Es casi tan único que me hace cuestionar qué es lo real.

Lo encontré en una ciudad llena de toxinas, vicios y egos.

Quiero quedarme acá por un eterno instante.

Quedarme viendo esos ojos que lagrimean compañía y sosteniendo un poco el alma que implora comprensión.

¿Que niego?
Niego.

¿Que siento?
Siento.





El baño.

-¡Me mintió! Otra vez... ¿Podes creerlo?
-Hmm, claro que lo creo. Ella es así.
-Le creí. Le creí todo...
-Obvio que sí, te dijo todo lo que querías escuchar.
-Pero pensé que le importaba. Pensé que esta vez todo iba a ser diferente.
-Te estás culpando por haberle creído, y no está mal que lo hayas hecho. Tomalo como un aprendizaje.
-Aún así, me duele. Acá adentro, en el pecho, cuando respiro, ¿sabes? Siento como si quisiera vomitar el sentimiento. Expulsar de mi templo eso que tanta angustia me provoca.
-Te entiendo. Tranquila, necesitas tiempo. Esto es reciente. Ya lo hiciste antes y vas a poder sanarte una vez más y todas las que sean necesarias. Nosotras mejor que nadie lo sabe.
-Sí... Es por eso que duele tanto. Estoy cansada de que regrese esta sensación amarga y se apodere de la luz que tanto me costó aceptarte. 
-Por eso no te preocupes. Siempre estuvimos juntas, desde el comienzo. ¿Te acordas cuando eras chiquita y llorabas porque ella te dejaba sola en la casa durante horas y horas?
-Claro que me acuerdo. Se iba con la otra y con el hijo. Se iban a pasear “en familia”, los tres felices y contentos. Me acuerdo que me quedaba llorando y miraba por la rendija de la puerta para ver si en algún momento volvían. Parecía una escena de película. Deseaba con todas mis fuerzas que me incluyeran y que ella dejara de esconderme.
-Lo sé, lo recuerdo.
-Estabas ahí conmigo, y no me di cuenta sino hasta mucho tiempo después.
-Lo importante es que hoy podes sentirme, no importa cuándo me reconociste.
-Gracias. Si no fuera por vos, no tengo idea de cómo hubiera sobrevivido a todo lo que nos pasó.
-No me agradezcas a mí. La que tuvo todas las fuerzas y perseverancia fuiste vos. Yo sólo te sostuve durante estos años.
-Por eso mismo te agradezco, por ser la única que no me abandonó en el camino.
-No es nada, para eso estoy acá, para acompañarte en todo momento, sin importar lo decaída que te sientas o lo alto que alcances volar. Ahora lavate la cara, respira profundo, todo va a estar bien. Y si no están bien las cosas, entonces todavía no llegaron a su conclusión.

Me miro en el espejo y me decido. Tengo razón. Soy fuerte, ya no soy esa pequeña. Lloro mucho a veces, sí, y así de a poco voy soltando el dolor que me pesa. Soy fuerte, me repito una y otra vez, hasta que  por fin me lo creo.
Abro la puerta, la primera de muchas que me quedan por abrir, y salgo hacia afuera. Es mi turno de comerme el mundo de un bocado. 




Coraje, aunque también cobarde.

A veces me siento débil. Siento que no quiero seguir acá. Todo se me hace más difícil. No hay motivaciones y ya nada tiene sentido. Quiero desaparecer. Quiero que mi corazón deje de bombear. Quiero dejar de respirar. No quiero volver a despertar. Todo aquello que en algún momento me incentivó, deja de tener color. La nitidez no tiene lugar en mi visión. Hasta ya ni me caen lágrimas. Dejé de sentir angustia, sólo siento el dolor de aparentar estar viva.

Y de pronto me doy cuenta que estoy loca. Sí, enloquecí. Aparece esa voz, aquella que me guía cuando todo es oscuridad. Su voz se hace escuchar por encima de todos los demonios, que a diferencia de ellos, me habla con calma. Me transmite paz y me abraza con delicadeza, uniendo todas las piezas que rompí en el camino.

A veces me desconozco. Me trago el mundo. Todo resulta cálido y llamativo. Mis ojos perciben una diferencia de contrastes, todo se ve con más color, pero suave a la vez, como si un brillo resplandeciente se adueñara de mis pupilas. Estoy llena de paz y mis pulmones inflan mi pecho como creí que no volvería a repetirse. Vuelven mis pasiones. Vuelvo a escribir, vuelvo a cantar, vuelvo a dejar de sentir culpa por creer que soy lo que no me define. Vuelvo a reír. Vuelvo a valorar todo lo que luché.

“Persevera y triunfarás”, dicen algunos. Perseverancia. Que palabra rara. Porque un día estás deseando que el dolor acabe, y te volves cobarde. Todo duele. Todo. Y después te das cuenta: valen la pena los días de mierda. Si no existieran, ¿cómo íbamos a valorar esa fuerza que nos lleva a lo mejor de nuestras vidas?


Despierta.

Volví a verle después de tantos meses. Extrañaba tenerle cerca. Se veía igual que siempre. A veces su pelo es tan revoltoso que parece tener vida propia.

Desde que le conocí, siempre fue una persona despreocupada. Pero esa noche noté algo distinto en sus ojos. Recuerdo que dobló por ese pasillo buscando un baño que no existía.

Cuando me vio, noté esa mirada que me atontaba. Perdió el equilibrio mientras se acercaba y en un segundo estábamos sentados en el pasillo de una casa que nunca conocimos.

Tantas veces nos tuvimos cerca pero reaccionamos con diferentes miedos.

Aquella noche me abrazó, me acosté sobre su hombro y me dio un beso en la frente con un susurro que formaba esas dos palabras que siempre supe y a la vez sentía.

¿Y después? Después no hay más que oscuridad. El silencio se volvió ensordecedor. Quería despertar para mantener el recuerdo a salvo. Pero la euforia lleva consigo su propio temporizador.

De a poco la memoria remarca breves detalles. Y a medida que corren los días voy perdiendo ansiedad.

Pierdo colores, y así la imagen se vuelve monocromática. 
Pierdo piezas del acertijo al que me acerqué.
Pierdo olvidos, y así vuelvo a recordar por que nunca fuimos.
Pierdo falsas ideas que me dejó creer para su regocijo.

Por ganarme su tiempo, perdí a mi pequeña interior.
Ella que me aconseja sabiamente cuando me hago bolita.

Ella se perdió y volvió a viejos hábitos.
Ella se perdió, tan sola e insegura estaba.
Ella se perdió, y casi se apaga mi mundo.

Vagabunda, así la llamaron alguna vez.

Ella no quería esa vida.
Ella quería volver a casa.

Hace no mucho la encontré llorando en mi cama.
Quién sabe cuánto caminó para llegar salva.




Prólogo.

Cuando era pequeña creía en el amor. Ese que veía en las películas y en las obras de Shakespeare. Ese que si te era arrebatado te arrancaba una parte fundamental de tu alma.

Creía en un amor que desconocía. Luego vino mi primer amor. O al menos eso creía que era. Creí que era amor. Fue en cambio un apego hacia la idea del enamoramiento. Y como es sabido hoy, algún día me iban a romper el corazón. El primer estruendo que no supe que iba a tener lugar.

Con el transcurso del tiempo fui conociendo nuevas personas que se asemejaban a la idea del amor. Eramos tan simplemente niños y nos faltaba tanto por conocer. No estábamos listos para semenjante responsabilidad. Y si nos hubieran detenido, hubiéramos hecho hasta lo imposible para hacer lo que sentíamos nos iba a completar.

Mi interior se quebrajó varias veces. Pasé varios días intentando estar bien y seguir con mi vida. Pasé también muchas noches llorando a escondidas hasta quedarme dormida.

Los años me hicieron más fuerte y decidida, y a la vez, más dura, fría y cínica. 

Una noche una persona se me acercó. Me parecía linda. Me hablaba y yo le respondía. Los días pasaban. Nos fuimos acercando más. Decidí abrir mi corazón y darle por primera vez la oportunidad al amor, si es que éste realmente existía. Pasamos tiempo juntos. Me hablaba de su familia, su pasado, sus sueños, lo que le molestaba de su vida y quería cambiar. Me preguntaba sobre mí. Él cocinaba para nosotros y yo prestaba mucha atención a cada movimiento suyo. Cada detalle me enamoraba. Lo veía como una danza que nadie mas que él sabría bailar. De esa coreografía yo era la mejor admiradora.

Pero como mencioné desde un principio, algún día me iban a volver a romper el corazón. Nada dura para siempre y muchas veces elegimos, inconscientemente, la negación. Porque es más fácil aceptar lo que nos hace sentir cómodos. La realidad puede ser bastante difícil de afrontar. Mi realidad es mi verdad. Mi verdad no es la ajena.

Angoisse.

Me disuelvo con cada gota que derramo.
Me deshago un poco a cada momento que pasa.
La sal de mis lágrimas saben casi tan vacías como lo que tuvimos.
Los nudos en la garganta me rompen por dentro.
La agonía me atrapa y no sé cómo salirme de ella.
La angustia llegó mucho tiempo después.
Angustia. Esa palabra me retumba en los pensamientos.
No te lloré cuando estabas cerca.
Ahora no sé siquiera donde estás para alcanzarte.
Ahora somos desconocidos. Estoy segura que de mí no te acordás.
Yo me acuerdo de vos. Me acuerdo cada detalle útil e inservible también.
Pasó más de un año y digo haberte superado.
Pero dentro mío sé muy bien que si vinieras pidiendo otra oportunidad, no diría que no.
Me siento libre al fin de todo lo ocurrido y de quienes nos rodeaban.
Pero de qué me sirve toda esta libertad si mis pensamientos te traen de vuelta para sentirme miserable.
Te quise. Te admiré. Te puse ante un pedestal que no merecías de mi parte.

Hábitat.

Me acuerdo de cuánta razón la chica de los videos tiene en cuanto a tanto.
Me doy cuenta de las veces que usé sustancias para olvidarme de la realidad, del dolor, de la angustia.
Pienso cómo me sana la taquicardia y el llanto y los temblores.
Recuerdo cómo sentí necesitarla para transportarme a una sanidad inexistente.
Encuentro otras maneras de manejar las tristezas.
Me felicito por transmitir alegrías.
Me refugio entre palabras y artesanías.
Calmo con real naturalidad.

Eso no quita las ganas del hábito.
No podría ignorarlo.
No es que tampoco quisiera.

Psicodélica.

Lo pienso.
No me decido.
Trato de buscar el momento perfecto en el que no me arrepienta pero no lo encuentro.
Me doy cuenta que no hay que buscar los momentos perfectos porque no existen y tengo que aprovechar cualquiera que se presente porque son simplemente eso: momentos.

Tengo un impulso de espontaneidad.
Lo encuentro. Lo miro. No temo.
No sé si lo haré bien o la voy a cagar.
No me importa.

Tiene tanta amargura para tan pequeño tamaño que me sorprende que pueda caber tanto sabor en tan diminuta simetría. Trago saliva agria esperando algún efecto.

Voy leyendo algunos artículos sobre quién sabe qué. De a poco empiezo a notar cómo las letras se mueven como si fueran pequeñas olas en la orilla de una costa. Se balancean en mis ojos y me río porque sé a qué se debe. Percibo un calor corporal que no me agrada y me recuesto sintiendo una revolución por dentro que me dice que no sé si voy a ser capaz de soportarlo. Mi enfermedad podría empeorar pero ya es demasiado tarde para pensar en eso y sólo quiero que acabe. Cierro mis ojos y veo mil formas en movimiento. Manejo psicodelias que trato no me espanten para poder mantenerme en calma. Mi cuerpo está en llamas y la excitación es inevitable. Quiero experimentar una y mil sensaciones. Neciamente recuerdo un estallo que fue casi eterno.

No sé cuánto tiempo pasó pero siento que fueron horas y abro mis ojos por fin completamente. Las paredes no dejan de caerse y las gotas alrededor del vaso tienen un movimiento tan sensual que no puedo dejar de encantarme con la vista. La luz me juega a favor y siento energía positiva. Ni siquiera escucho el sonido que reproduce este aparato. Mi cabeza no se da cuenta de lo que se perdió durante tanto tiempo pero me doy cuenta que me pegó fuerte e hice bien en hacerlo sola.

Siempre fui de tener mis primeras experiencias en soledad. Me gusta la autodidaccia. Siento hambre y sé que mi cocina es un desastre pero no me interesa y tengo vibras suficientes como para ponerme a limpiar mi propio desorden. Me sorprendo de mí misma y el entusiasmo que le pongo. Pero cuando pruebo bocado me doy cuenta que no tengo apetito sino hambre voraz de no alimentarme a tiempo cuando debía.

Pasan las horas y no me doy cuenta. Ni siquiera me percato realmente de cuánto duró el efecto sino hasta que me despierto casi dieciocho horas después de la dosis y caigo en la cuenta de que los efectos tuvieron lugar alrededor de doce horas, de las cuales las últimas seis estuve consciente y luego caí en un sueño profundo en el que no recuerdo los movimientos de mi propia mente. Las imágenes dejaron de ser lúcidas. Fue un antes y un después. Abrir mis ojos fue inevitable.


Flashar sobre la vida. Parte 9.

Nadie me dijo que iba a ver la cosas de una nueva manera.
     Nadie me dijo que pensaría así.
          Nadie me dijo que podría ser tan diminuta.
               Nadie me dijo que la realidad podía ser variable.
                    Nadie me dijo que las verdades no eran exactas.
                         Nadie me dijo que iba a preferir no encajar.
                              Nadie me dijo que todo sería intermitente.
                                   Nadie me dijo que pensaría por mí misma.
                                        Nadie me dijo en ningún momento que mi hambre sería voraz.
                                             Nadie me dijo nada de lo que circula hoy en mis ideas.
                                                  Nadie me dijo absolutamente nada.
                                                       Nadie me dio siquiera indicios.
                                                            Nadie me ayudó a descubrirlo.
                                                                 No sabía que podría ser capaz.
                                                                      No sabía que las posibilidades podían ser infinitas.
                                                                           No fue mi intención descubrirlo.
                                                                                No está en mis planes retroceder.
                                                                                     No sirve estancarse.
                                                                                          Necesito continuar.



Alguna vez me enamoré

Un día no me vio.
Yo me perdí en un desconocido.

Nunca me percaté de lo cerca que estaba.
Me perdí mil veces en sueños lúcidos.

Me conecté con una nueva mirada.
Sonrisas tímidas abrían paso a mis falsas esperanzas.

Notaba cierta transparencia desde mi lado del muro.

Podía percibir como añorabas a través de tus cobardías.

Sin esfuerzo me enamoré.
Con perspicacia seguí mi camino.

Mentiría si dijera que no te extraño.

No pude esperarte.
No fui capaz.

Estamos en diferentes puntos de una extensa ruta.

Quizá algún día encontremos con quien compartir ritmos.


Valen Romero. Con tecnología de Blogger.